La importancia de las políticas culturales en el desarrollo de los pueblos.

Estamos acostumbrados a escuchar como los mandatarios, de la naturaleza que sean,  se jactan de las políticas económicas puestas en marcha, o  como  contribuyen  las políticas sociales al bienestar de la población, pero en poco –lo cierto es – o nada, se mencionan las políticas culturales que se están ejecutando para atender esta área, que aparentemente, la sociedad en general, no la necesita.

Lo cierto es, que la desidia colectiva es simple y lógicamente,   el resultado de la ausencia o déficit de ejecución de una política cultural.

En términos generales, las políticas de estado: son la puesta en práctica de decisiones que toma un Gobierno para alcanzar determinados objetivos que le convienen, ya sean de carácter general (que tendrán un impacto en toda la población) o de carácter particular (que afectarán a una parte de la población o que se orientan a asegurar la continuidad de su ejercicio del poder) (Walter, 2014).

Con lo anterior en mente, la política cultural es la decisión de un gobierno para realizar una serie de acciones en la promoción, formación, profesionalización, reconocimiento, accesibilidad, conservación y difusión de los valores culturales y artísticos, tanto en su patrimonio tangible como intangible, independientemente del lugar y época en que estos se hayan presentado.

Al asumir de esta manera una política cultural, se trascienden las visiones miopes y parciales que generan las ideologías partidarias, cuando un acto (entendido como una realidad aceptada por un grupo,  sector o la sociedad entera) cultural o artístico no es afín al partido en el poder, es marginado por su discurso o su origen; y todo lo que se produzca dentro de los límites patrios y cuyo valor estético o histórico resulta innegable, es aceptado y tolerado.

Seguramente esto sería una realidad si los gobernantes cumplieran lo que  la constitución dicta en materia cultural, especialmente en sus artículos 53,  y del 62 al 64. Lo que llevaría a elevar el nivel de política cultural de un gobierno a una política de estado, lo que nunca suele ocurrir, debido a que cuando se producen los cambios de gobierno, el que ingresa lleva su propia agenda. Con tan pocos numerales dedicados a esta rama, los gobiernos no deberían tener tantos problemas para cumplirlos. Sin embargo, da la impresión que no hay voluntad o claridad sobre lo que implica una política cultural.  Walter (2014) en un estudio sobre las políticas culturales  del estado salvadoreño, da luces sobre lo que incluye la misma:

Toda política cultural debe contemplar dos facetas en su diseño y puesta en marcha: el acceso y la participación. El primero se refiere a las oportunidades que la población tiene para entrar en contacto con las diversas expresiones artísticas y culturales, tanto nacionales como regionales y globales, mientras que el segundo se refiere a las facilidades que existen para crear, recrear y difundir las obras de arte de todo tipo que han sido producidas por manos y mentes del país. El acceso debe tomar en cuenta dos aspectos —los gustos y la cobertura— mientras que la participación se refiere fundamentalmente a la identificación y la formación de los talentos.

¿Y todo esto como cómo puede contribuir al desarrollo de un pueblo? Si adoptamos paradigmas económicos para justificar la riqueza que se puede generar a través del arte y la cultura, seguro se encontrarán los rubros que pueden brindarla: comercio de obras, entradas a espectáculos, asistencia a museos, el mercado editorial especializado, los gestores culturales, festivales artísticos, entre otros.

Pero si apostamos por un enfoque humanista, describir la modificación de la naturaleza humana por un pensamiento crítico, respetuoso de sí mismo y los semejantes,  movido a buscar expresiones que lo completen y consciente de la importancia de la solidaridad para el progreso social, serían apenas unos esbozos de lo que podría significar la transformación de los individuos por la implementación coherente de políticas culturales.

Juzguen si la sociedad evidencia  la existencia de  políticas culturales y si están  para todo el país, o para algunas zonas, como suele ocurrir el concentrar todo en la capital, y si abarca a todas las manifestaciones artísticas o hay una tendencia a determinado gremio, eso, también es una forma política de tratar con el arte y la cultura.

Por: Luis Alfredo Castellanos. Fotografía: Gerson Tobar.

San Salvador, Julio 2017.

Bibliografía

  • Knut (2014). Las políticas culturales del estado salvadoreño 1900 – 2012. Fundación ACCESARTE,  El salvador. (Documento en pdf).

Constitución de la República (1983). Decreto Legislativo de El Salvador Nº 38, del 15 de diciembre de 1983, con última reforma por Decreto Legislativo de El Salvador Nº 707, del 12 de junio de 2014. Diario Oficial de El Salvador, 112(403), del 19 de junio de 2014. San Salvador, El Salvador

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